Monday, July 30, 2007

Vida diaria en el Antiguo Régimen

Todas las noches, en la cena, mi padre, como viejo patriarca, presidía la mesa de una casa numerosa. Una sola mesa y veintidós personas. En una punta, junto al fuego, mi padre. A su lado, mi madre, siempre al alcance de los platos a servir, porque en esa hora, quien se ocupada de la cocina era sólo ella. Después venían los hijos de la casa, según la edad. En seguida, el más viejo de los empleados, el empleado del establo y sus auxiliares. Y, sucesivamente, los viñateros, el vaquero y el pastor. Al final, las dos criadas, de frente a su señora, cerraban la mesa. Todos comían el mismo pan. Papá bebía vino añejo; Mamá y los chicos, agua; los criados, un vino que les parecía mucho mejor que el de su señor… Terminada la cena, Papá se levantaba, tomaba la Sagrada Escritura y leí tres o cuatro capítulos que, comentados corta y poco frecuentemente, constituirían la materia de conversación para el otro día. Poco después, el Catecismo. Si era invierno, como las noches son largas, Papá contaba historias antiguas o modernas, haciendo entrar a propósito las más bellas sentencias de los antiguos. Hecha la oración en común, la risa y las conversaciones en voz alta eran severamente prohibidas.

--Nicolas Edme Rétif de la Bretonne (1734-1806), La Vie de Mon Père (1778

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Julius Evola, EL MAESTRO